La sentencia 38/2018 de la Audiencia Provincial de Navarra, recaída en el caso conocido como de “La Manada”, ha provocado múltiples manifestaciones de indignación y rechazo por amplísimos sectores de la sociedad, que han tenido como respuesta, desde ámbitos judiciales y mediáticos, la llamada al respeto a las resoluciones judiciales y a la aceptación acrítica de nuestro sistema de justicia, confiando en que el sistema interno de recursos es suficiente garantía de preservación del derecho.

Ágora Judicial entiende que estas manifestaciones, no sólo amparadas en el derecho a la libertad de expresión, sino también en la defensa de un sistema de justicia que garantice el derecho fundamental a la efectiva igualdad entre mujeres y hombres, no son merecedoras de la más mínima desconsideración y menos de rechazo, bajo el pretexto de suponer que socaban la confianza de los ciudadanos en el Poder Judicial.

La sentencia 38/2018 no ha generado protestas por sus aspectos formales u otros que pudiéramos llamar de tipo “técnico”, sino porque la valoración que en ella se hace de los hechos que la misma declara probados, resulta incompatible con la consideración que actualmente es exigible de la libertad y la dignidad de la mujer.

Las circunstancias que, en el caso, llevaron a la víctima al lugar del delito con sus agresores fueron, según la propia sentencia, las siguientes: en la puerta de acceso a un edificio que estaba abierta, uno de los cinco varones con los que iba la mujer “tiró de ella hacia él, cogiéndole de la otra mano A.J.C.; ambos la apremiaron a entrar en el portal tirando de “la denunciante”, quien de esa guisa entró en el recinto de modo súbito y repentino… llegaron a la puerta ubicada en el interior de portal, situada a la izquierda de los ascensores, de vinilo traslúcido, mediante la que se accede a un rellano, entrando a este espacio, tras subir un tramo de cinco peldaños se accede a otro rellano, girando a la izquierda desde este espacio se accede por tres escalones a un habitáculo de forma irregular y tamaño reducido (unos 3 m²); concretamente se trata de una zona sin salida de 2,73 cm de largo, por 1,02 cm de ancho y 1,63 cm de ancho en la parte más amplia… De este modo fue dirigida por los procesados al habitáculo que se acaba de describir, donde los acusados le rodearon. Al encontrarse en esta situación, en el lugar recóndito y angosto descrito, con una sola salida, rodeada por cinco varones, de edades muy superiores y fuerte complexión, conseguida conforme a lo pretendido y deseado por los procesados y querida por estos, “la denunciante” se sintió impresionada y sin capacidad de reacción. En ese momento notó…”.

Parémonos aquí.

Si a partir de este momento la víctima hubiera notado que le cogían la cartera con el dinero, pongamos por caso, a nadie se le ocurriría calificar la sustracción de hurto, por ausencia de intimidación, sino que a buen seguro cualquier entendido en derecho penal calificaría la sustracción de robo con intimidación, cuanto menos. Entonces ¿por qué, si a partir de aquel momento lo que los procesados quitaron a la víctima no fue la cartera, sino la ropa y le impusieron, porque la mujer no tenía “capacidad de reacción”, los actos sexuales que en la sentencia se describen, se puede sostener que en esta actuación no hubo intimidación?.

Esto es lo que no se puede entender por quienes protestan por la sentencia, ni por nadie que defienda la efectiva igualdad entre hombres y mujeres, superando la secular cosificación patriarcal de las mujeres.

28 de abril de 2018